Arnoldo Kumm-Heller

Los Ancestros

1823: Antepasados del Maestro Huiracocha emigran desde Alemania a México, para trabajar en la explotación de las minas de plata más famosas del mundo. Aquella valiosa inmigración de mano de obra calificada, contribuyó eficazmente al desarrollo y progreso de la nación mexicana. Un bisabuelo del Maestro, minero de oficio, vino con su familia entre aquellos colonos.

Nacimiento

1876: Nace el 15 de Abril, en el poblado de Salchendorf de la ciudad de Siegen, Alemania; región famosa por sus minas de hierro, su industria siderúrgica y sus escuelas de minería y mecánica. Hijo de Ferdinand Krumm-Heller, capataz de minas, y de Ernestina Krumm-Heller, nacida Leinhoss, de oficios del hogar. Fue bautizado como Heinrich Arnold Krumm Heller en la Iglesia Luterana de su localidad. A la religión evangélica se mantuvo fiel durante toda su vida, por cariño a su madre y hermanos, y así lo hizo constar en su testamento.

Adolescencia

No se conocen mayores detalles acerca de su infancia y adolescencia. Se sabe que en su época de estudiante leyó varias novelas de autores de renombre y varios clásicos de la literatura universal; entre ellos el “Fausto” de Goethe, el más grande poeta alemán, del cual podía recitar largos trozos, de memoria. Leyó también, algunas obras sobre espiritismo; doctrina con la cual volvió a encontrarse pocos años después en Suramérica, en circunstancias especiales, lleno de dolor y desesperación por la muerte de su madre. Según el testimonio de algunos familiares y amigos que le conocieron en Alemania, tenia 16 años de edad cuando hubo de emigrar a América en busca de un destino positivo para su vida. Fue en 1892, cuando se conmemoraba el cuatricentenario del descubrimiento de América. El joven talento, dominado por su espíritu de aventura, se sintió atraído por los encantos del nuevo continente, de lo cual se hablaba mucho en aquel tiempo.

“Siempre nos habíamos considerado mexicanos y así, al llegar aquí de niño, me encontraba con mi casa, pero tenía deseos de conocer toda la América Latina”.

Su afán por viajar y conocer le llevó hasta Chile, donde residían otros familiares. Esto lo expresa en su testamento.

“En nuestras venas debe haber circulado sangre de excursionistas. De nuestros cuatro hermanos, tres se encontraban ya desde hacía mucho tiempo en Chile, por eso era lógico que también yo fuera esperado allí”.

1896: Demostrando tempranamente su vocación de escritor, publica en Chile “Mi Sistema”. Esta obra, desconocida en nuestros días, no se refiere a la grandiosa enseñanza que de él hemos heredado -la cual desarrolló en años ulteriores-, sino a la manera que tenía de ver el mundo y la naturaleza un estudioso muchacho de 19 años.

1897: Contrae matrimonio el 7 de Febrero, en Concepción, Chile, con Rita Aguirre Valera, de una familia de terratenientes; dos meses antes de cumplir los 21 años. Esta unión se terminó por discordias entre las familias, cuando apenas comenzaba a consolidarse. Del matrimonio nace, un año después, su hijo primogénito, Hiram Krumm Aguirre. El nombre de Hiram, asignado a su hijo, u otorgado con su consentimiento, revela que el joven Krumm Heller, en sus 21 años, estaba ya orientado dentro de las líneas de la Enseñanza Tradicional.

Hiram es el nombre del legendario Maestro de la Masonería; el mismo que, según la Biblia, fue contratado por el Rey Salomón para la construcción del templo de Jerusalén (1 Reyes, 7, 13-14).  Con aquel artesano, experto en metales, tuvo Krumm Heller un vínculo metafísico directo a través de sus parientes mineros; trabajadores también del metal y de la piedra. Alegóricamente, el Maestro Huiracocha estaba vinculado por atavismo con el genial orfebre y constructor Hiram Abiff, abuelo mitológico de la Masonería.

Siegen, su pueblo natal, es una ciudad de mineros. Era ese el oficio que se proporcionaba a nuestro personaje. Lo desempeñó su bisabuelo, también su padre y otros familiares. Él salió de aquel pueblo para aprender otras cosas y terminó haciendo lo mismo que sus coterráneos, pero en el mundo sutil del pensamiento: cavar en las profundidades de su propia tierra, mediante el autoanálisis y la meditación; extrajo luego la piedra bruta de su talento natural y dispuso el metal puro de la realización espiritual, forjado en la fragua de su voluntad.

Al final de sus días, el minero del espíritu desarrolló en Berlín una interesante industria de gemas que, magnetizadas por él bajo influencias planetarias favorables, constituían poderosos talismanes para el usuario. Numerosos discípulos en todo el continente latinoamericano recibieron las ayudas del Maestro Huiracocha a través de aquellas piedras mágicas…

Encuentro en soledad

En 1893, un año después de su salida de Alemania, recibió la noticia del fallecimiento de su madre. Aquello tocó fibras muy profundas de su ser. Una inmensa consternación invadió su alma, en la que entonces hubo sólo lugar para la congoja.

“Aquel golpe me anonadó … Yo renegaba, maldecía mi suerte; me costó una enfermedad física la idea de que, al regresar a mi Patria, encontraría únicamente un pedacito de tierra que cubría aquel cuerpo santo”.

Nada podía consolarle. La anciana madre que le bendijo con un último beso, al partir de la querencia, ya no estaba en el mundo. Los propósitos que él tenía de regresar a ella, triunfante y obsequioso, se habían desmoronado. Sus sueños juveniles de gloria sufrían un severo truncamiento, sin haber terminado de soñarlos.

¿Cómo podía ensañarse tanto la vida en contra de él? ¡Él, que había venido únicamente a conocer esta tierra de gloria! Había dejado de ver a su madre, apenas por algunos meses que sumaban días de ilusión por el regreso; ahora, le resultaba intolerable la evidencia cruel, de que jamás vería nuevamente aquel ser tan venerado. El beso de despedida, cargado de esperanzas y de sueños, había sido, ciertamente, el último beso de su madre.

Su alma atormentada no tenía paz. Mil veces y otras mil, su mente elaboraba la presencia bienamada, en el mundo sutil de la imaginación; pero su gran desaliento no sufría merma alguna. Entre el dolor y la desolación se deslizaban los días australes y fríos de aquel huérfano adolescente, sin hallar un consuelo para sus tristezas. Pero la soledad de las almas no es definitiva: hilos tendidos desde un mundo insospechado traen al individuo verdades nuevas, valores intangibles y cuasi misteriosos que reordenan el cosmos interno y disipan el caos. Una obra de Allan Kardec con una filosofía que ya conocía desde niño, fue su tabla de salvación. Aquella lectura lo sacó del marasmo de su aflicción y logró mejorar su estado de ánimo…

“Aquella filosofía no me era nueva; la había leído de estudiante, hasta entonces llegaba a sentirla”.

Ese fue su inicio en el Sendero Espiritual. La muerte de su amantísima madre, cuando él tenía 17 años, fue el toque prodigioso del destino que lo condujo a su iniciación. Hasta entonces, no había sospechado siquiera que a partir de aquel momento emprendería la trascendental carrera que le llevó a desarrollarse como un genial coloso del ocultismo.

“Me convertí en un espiritista sincero; más aún, fanático en cuanto a la belleza de sus doctrinas”.

Su predisposición para el estudio de lo esencial, había sido una cualidad vocacional que permanecía dormida mientras le llegaba su momento de aflorar; entretanto, se nutría de información.

“… alguna vez había tomado una obra de Carlos du Prel, pero sin que sus ideas hubiesen dejado huella en mi ánimo, las leía para distraerme o para cambiar de lectura”.

Ahora, su entrega al Espiritismo era completa. El estudio de la doctrina espírita, en la teoría y en la práctica, le absorbió todo su tiempo y acaparó todo su talento y energías; sin embargo, jamás llegó a evocar en las sesiones el alma de su madre. Le parecía una profanación. No perturbaría la santidad de las regiones superiores del espíritu, donde moraba aquella alma adorable, para atraerla a esta condición terrenal. Era otro su sistema: la admiración de la exuberancia de la naturaleza y la elevación de la conciencia individual, para comprender las realidades del mundo oculto, que es la morada del espíritu.

“La lógica de la doctrina espírita me convirtió en un espiritista convencido, y como la muerte de mi madre me había insinuado en estas ideas, a ella la había inmortalizado en mí: cuando evocaba sus recuerdos, sus consejos, la sentía vibrar en mí mismo; esa es la verdadera comunicación espiritual”.

Con el fin de propagar la filosofía que le había consolado, fundó con un grupo de amigos la revista “El Reflejo Astral“. El nombre de la publicación parece haber estado influido además por el avance científico del momento. El médico ruso Iván Petrovich Pavlov (1849-1936), estaba dando a conocer los resultados de sus célebres experimentos fisiológicos, que dieron origen a la doctrina científica de la reflexología o tratado de los reflejos.

Con su revista, Krumm Heller anhelaba llevar el conocimiento de la doctrina espiritista no sólo a la nación chilena, sino a todo el mundo en los cinco continentes, si ello fuera posible.

Un animado espiritualista catalán de apellido León, de visita en Chile, vio la revista y felicitó a Krumm Heller por realizar una publicación como esa en un país tan influido por el fanatismo religioso, y ofreció obsequiarle algunas obras sobre enseñanzas esotéricas. Dos meses después le llegó por correo lo ofrecido; dos obras: “Después de la Muerte“, de León Denis y, todos los tomos de “La Doctrina Secreta“, de H. P. Blavatsky. Aquellas lecturas cambiaron el rumbo de su vida.

Fue entonces cuando se inscribió como un miembro formal de la Sociedad Teosófica, que había sido fundada en 1875 por Helena Petrovna Blavatsky y Henry Steel Olcott…

Una Secreta Doctrina

El obsequio de aquel par de obras sobre ocultismo catapultó a Krumm Heller hacia otras esferas del saber. Ahora su mente estaba en relación directa con el pensamiento esclarecido de la genial y polémica fundadora de la Sociedad Teosófica. Uno de los textos era la complejísima y trascendental obra, de vigencia universal y eterna, “La Doctrina Secreta” (1888). La vida de Krumm Heller ya no continuaría más siendo la misma.

“La obra de Blavatsky me indujo a suspender la publicación de la revista”.

Para completar la biografía, descargue el PDF: Dr. Krumm Heller

Print Friendly, PDF & Email

No se admiten más comentarios