Chang Chen Chi

Garma Chang Chen-Chi fue una autoridad en la filosofía budista. No se tienen muchas noticias sobre su vida. Se sabe que nacido en China, en 1920. De joven estudió y practicó el Zen en un monasterio de la región de Nanking. Más tarde, su interés por todas las tradiciones budistas le llevó a ingresar en el monasterio de Gongka, en el Tíbet oriental, donde pasó 8 años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, Chang Chen-Chi decidió marcharse a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica. En 1955 se instaló en New York, donde fue becario de investigación en la Bollingen Foundation, y ahí empezó su trabajo de traducción e investigación de textos budistas. Más tarde ejerció como profesor de budismo en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Pennsylvania.

Sus conocimientos profundos de la tradición del budismo Zen chino (budismo Ch’an), y de la tradición tántrica del budismo tibetano le convirtieron en un practicante y erudito singular, reconocido mundialmente.

Entre sus obras destacan “La Práctica del Zen” (1959); su célebre traducción al inglés de “Los Cien mil cantos de Milarepa” (Hundred Thousand Songs of Milarepa, Shambhala Publications, USA, 1962); “Las Enseñanzas Esenciales de la Mística Tibetana” (1963),  y su traducción y estudio de “El Tesoro de Mahāyānasutras”.

El profesor Chang falleció el 25 de mayo de 1988 en los Estados Unidos.

SOBRE EL LIBRO LA PRÁCTICA DEL ZEN

Como decía la crítica de un diario norteamericano sobre este libro: “El estilo de Chang es fácil y conciso, agradable y estimulante… Éste sería un libro muy útil para cualquier universidad o biblioteca de Universidad. Muy recomendable.”

“El estudiante occidental del budismo debería estar agradecido por este primer tratamiento en inglés, de una Escuela tan importante e interesante del pensamiento budista.”

La Escuela Hua Yen del budismo Mahayana, floreció en China en los siglos séptimo y octavo. Hoy muchos estudiosos consideran su doctrina de la “vacuidad”, la “totalidad” y “Solo-Mente” como la cúspide del pensamiento budista y como un sistema filosófico útil y original sobre la explicación del hombre, el mundo y la vida, como la más intuitiva experiencia en la práctica del Zen.

Por primera vez en cualquier idioma occidental, Chang Chen-Chi explica y ejemplifica estas doctrinas con las referencias de los maestros orientales. La experiencia mística del Buda de la infinitud y la totalidad, constituye el marco de esta revelación objetiva de los tres conceptos dominantes y entrelazados, de los que cualquier estudio de la filosofía Mahayana debe depender.

Tras una explicación introductoria que describe las diferencias esenciales entre la filosofía judeo-cristiana y budista, el profesor Chang ofrece una amplia sección, elaborada por expertos maestros Zen chinos sobre los fundamentos filosóficos del budismo Hua Yen, tratando los conceptos básicos de la Vacuidad, la Filosofía de la Totalidad y la Doctrina de Solo-Mente…

INTRODUCCIÓN AL LIBRO por Chang Chen-Chi

Los occidentales que emprenden con entusiasmo el estudio del budismo Zen suelen descubrir, cuando se desvanece el estado inicial de fascinación, que los pasos consecutivos que requiere una indagación seria resultan decepcionantes y sin fruto. La experiencia de la Iluminación es, en verdad, maravillosa, pero el problema fundamental es: ¿cómo puede uno alcanzarla? El problema que consiste en capturar a esta tentadora “bruja del Zen” continúa sin ser resuelto por la mayoría de los entusiastas occidentales del Zen.

Esto se debe a que los estudios que se realizan del Zen en Occidente están aún en sus comienzos, y a que los estudiantes de éste aún se mueven en esa región crepuscular a medio camino entre “el interés por el Zen” y la “comprensión” de éste. La mayoría de ellos aún no ha llegado al punto de madurez, en sus estudios, que permite la práctica del Zen, la realización del mismo, la transformación de éste en la más preciada de las posesiones interiores.

Como el Zen no es, ni en su esencia ni en sus niveles más altos, una filosofía, sino una experiencia directa en la cual es menester entrar con la totalidad del ser, el objetivo primordial ha de ser la obtención y la realización de la experiencia Zen. Para lograr esta experiencia suprema, que se conoce como la “visión Wu” o “la iluminación”, es necesario seguir las instrucciones de un maestro avanzado de Zen, o esforzarse a solas por medio del estudio y de las prácticas.

Con la esperanza de facilitar la comprensión del Zen y simplificar la tarea a quienes buscan una instrucción práctica, he elegido, traducido y trascripto aquí un cierto número de breves discursos y autobiografías de los grandes maestros Zen, basándome en fuentes antiguas y modernas que, si bien son muy populares en el Oriente, en el Occidente son poco conocidas. El contenido de estos documentos permite obtener un cuadro general de las vidas y las obras de los maestros Zen, y una idea más clara de la forma en que se cumple la labor del Zen. Seguir estos ejemplos y enseñanzas constituye la forma más segura y mejor de iniciarse en estas prácticas, pues nadie más indicado que estos notables maestros para tratar el tema del Zen práctico. Es por esta razón que se presentan aquí los discursos de cuatro celebrados maestros chinos de Zen: Hsu Yan, Tsung Kao, Han Shan y Po Shan.

Además de mis propias sugerencias y observaciones sobre la práctica Zen, que pueden encontrarse al comienzo del segundo capítulo también se hace una revista de los aspectos esenciales del budismo Zen al comienzo de este libro. Es de esperar que, después de leer el primer capítulo, el lector haya aclarado su idea sobre el budismo Zen y pueda así continuar sus estudios con más facilidad que antes. Sin embargó, es posible que el novato en budismo encuentre algunas dificultades. Aunque en su conjunto este libro tiene el carácter de una introducción, tal vez sea más específico en ciertos problemas y ciertos aspectos del estudio Zen que otros libros de su clase que pueden obtenerse actualmente en idioma inglés.

El capítulo III, “Los cuatro problemas del budismo Zen”, fue en su origen un ensayo sobre “La Naturaleza del budismo Ch’an”, que apareció en el número de enero de 1957 de la publicación Philosophy East and West de la Universidad de Hawaii. El artículo forma parte ahora de este libro, con algunos cambios menores. Considero que los cuatro problemas allí tratados tienen mucha importancia para los estudios de Zen.

El capítulo IV, “Buda y la meditación”, fue escrito originariamente como una conferencia, leída en un seminario de la Universidad de Columbia en 1954, a invitación del Dr. Jean Mahler. En él se exponen algunas enseñanzas básicas del budismo y algunos principios esenciales que fundamentan la práctica budista de meditación, y que tal vez no son enteramente conocidos en Occidente. Como algunas frases y expresiones del Zen son excesivamente difíciles, cuando no imposibles, de traducir -algunos estudiosos las consideran absolutamente intraducibles- he tenido que hacer uso, en unos pocos casos, de una traducción libre. Algunos términos japoneses, como koan por Kung-en, satori por wu y Zen por Ch’an, etc., ya están establecidos y son ampliamente utilizados en Occidente de tal modo que se emplean en este libro junto con los términos chinos originales. La trascripción al alfabeto latino de los signos chinos se basa en el sistema Wade-Giles.

Deseo expresar aquí mi gratitud al señor George Currier, a la señorita Gwendolen Winsor, a la señora Dorothy Donath y a mi esposa, Hsiang Hsiang, que me han prestado una gran ayuda en la redacción en inglés del texto, preparando, compaginando y dactilografiando el manuscrito y formulando valiosos comentarios y sugestiones sobre la obra. Asimismo, deseo agradecer a mi viejo amigo, el señor P. J. Gruber, por su constante asistencia y por su aliento.

En mi condición de chino refugiado, deseo asimismo agradecer a todos mis amigos norteamericanos, así como a la Fundación Bollingen y a la Fundación de Estudios Orientales por la generosa ayuda prestada, que me dio la oportunidad de continuar mi trabajo y mis estudios sobre el budismo aquí, en los Estados Unidos. A todos ellos, expreso aquí mi agradecimiento sin límites.

Chang Chen-Chi

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