Nosce Te Ipsum

Un sabio de la antigua Grecia puso a prueba la sabiduría de un colega preguntándole…

¿Cuál es la más antigua de todas las cosas?
Dios, porque siempre ha existido.

¿Cuál es la más hermosa de todas las cosas?
El universo, porque es la obra de Dios.

¿Cuál es la más grande de todas las cosas?
El espacio, porque contiene todo lo que ha sido creado.

¿Cuál es la más constante?
La esperanza, porque se queda con el hombre después que él ha perdido todo lo demás.

¿Cuál es la mejor de todas las cosas?
La virtud, porque sin ella no existe nada bueno.

¿Cuál es la más rápida de todas las cosas?
El pensamiento, porque en menos de un instante puede volar hasta el final del universo.

¿Cuál es la más fuerte?
La necesidad, que obliga al hombre a enfrentar todos los peligros de la vida.

¿Cuál es la más fácil de todas las cosas?
El dar consejos.

Pero cuando se llegó a la novena pregunta, nuestro sabio dio una paradoja como respuesta. Estoy seguro que fue una respuesta jamás comprendida por el interrogador, y a la cual la mayoría de la gente sólo atribuye un significado superficial. La pregunta fue:

¿Cuál es la más difícil de todas las cosas?
¡Conocerse a sí mismo!

” Nosce te ipsum “

“Te advierto, quien quiera que fueres, ¡Oh; tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera! Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los tesoros. ¡Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses!”

(Inscripción en el frontispicio del Templo de Apolo en el Monte Parnaso cerca de Delfos en la región de Fócida, Grecia; c. 2500 adC).

delfi8

 

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